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Las facetas del machismo

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Hace unas semanas estuve en México, mi país de origen, de vacaciones en la playa con mi familia y una amiga quien jamás había viajado a México. Durante esa semana disfrutamos de todo lo bueno de México y también un poco de lo feo. Entre esas cosas no tan admirables fue la forma en que se representaba el machismo entre los grupos de guías de turismo.

Al principio de nuestro viaje no me había concentrado mucho en ello, pero una noche me preguntó mi amiga, “¿Por qué es que aquí los hombres les gustan decir piropos a las mujeres tan seguidamente? ¿Es eso el machismo?” No le supe contestar menos de que solamente era algo muy cultural que lo encuentras hasta propio en los Estados Unidos entre los barrios latinoamericanos y que, sí, es un tipo de machismo. Sin embargo, su pregunta nos puso a pensar a las dos y durante el tiempo que sobró de nuestro viaje, empecé a observar muy cuidadosamente las formas en que la cultura mexicana demuestra el machismo, lo cual es definido por el diccionario de la Real Academia Española como una “actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres.”

Al acabar nuestras aventuras en México hablé con mi amiga sobre lo que había notado en cuanto al machismo y que me había dado cuenta que no solamente era la forma en que los hombres le hablan o se comportan con una mujer, como indicado en la definición del diccionario, pero también eran los chistes homofóbicos comunicados de manera verbal y física. Me sorprendió de lo mandado que fueron los guías de vez en cuando para hacer un chiste que comprobaría de forma súper indirecta que no eran homosexuales. Desde el detalle de fingir el ser tocado de una manera sensual hasta hablar con un acento ridículo para intentar distinguir su propia voz de la que sería la suya si fuera gay, noté el uso de cada chiste ignorante y común contra los homosexuales que se demuestran en las películas y las televisión---durante solamente dos paseos turísticos.

Sé que estas observaciones pequeñas no son un descubrimiento, pero me quedé muy sorprendida de que un grupo de turismo estuviera haciendo chistes tan pesados ya que México admite uniones civiles entre parejas del mismo sexo y género. Además, están trabajando con gente de distintos países dónde la diversidad sexual es entendida y tratada de otra manera. Más que nada, me hizo sentir muy feo el haber notado que una persona podría tan fácilmente trivializar a otra persona solamente por su preferencia sexual o hasta su propio género de manera casi desapercibida por ser tan parte de la cultura. Es difícil poder admitir que estos prejuicios desafortunadamente se deben en parte a que los niños se crían con esta mentalidad gracias a la media, los padres, los compañeros, y también la propia cultura. Peor todavía es el respeto propio tan mínimo que uno puede expresar en el ser tan complaciente en cumplir con las expectativas tan de bases de un turista al ir a México para encontrarse con hombres machistas en cada lugar.

En fin, mi viaje a México fue nada fuera de lo normal, lo cual me da el motivo para hacerme esta pregunta: ¿Cuál es el imagen del hombre mexicano que queremos mostrarles al mundo y a nuestros niños: el imagen de un hombre intolerante que desprecia a las mujeres y teme y rechaza la diversidad sexual, o el imagen de un hombre refinado que va cambiando y adaptándose igual a los avances de su país? Yo quiero mostrar el segundo imagen y quiero animar a otros que también aspiren ayudar a que ese imagen sea el que se muestre. Aunque parezca ser que falta bastante todavía para hacerlo verdad, creo que si cada persona tomaría el tiempo de establecer su disgusto contra comentarios machistas e intolerantes, la gente se daría más cuenta de los cambios al su rededor y esta norma social cambiara más rápidamente de lo que pensamos---ya que cada cambio empieza con una sola gotita de agua.


- Por Alejandra